Flashback, mayo de 2008

En su palanquín, sobre los hombros de los fieles, el Dalai Lama, de 15 años, huyó de la capital del Tíbet mientras el ejército chino avanzaba en 1950. “Los tibetanos devotos se apresuraban desde los asentamientos lejanos para verlo, ya que estar en su presencia otorgaba una bendición inconmensurable –escribió Heinrich Harrer, quien fungió como el joven tutor del líder y dio cuenta de su experiencia en la edición de julio de 1955 de National Geographic–.






