Puede suceder después de un hecho aciago –una guerra civil, un desastre natural, una toma de poder cruenta– o insinuarse de manera paulatina. Pero cuando una nación se está malogrando, uno lo ve en los ojos de su gente.

Mujeres y niños aguardan su registro y ayuda en el campo para refugiados de Jalozai. Desde el verano pasado, alrededor de un millón de pakistaníes ha huido de los combates entre el ejército y milicianos cerca de la frontera afgana.

Cuando los talibanes demolieron dos colosales estatuas de Buda en Bamián, en 2001, el arqueólogo afgano Zemaryalai Tarzi quedó desolado. Él las había resguardado con refuerzos de acero cuando fue director de arqueología de su país, en los años setenta. Ahora, Tarzi está determinado a sacar a la luz las demás riquezas antiguas de Bamián.