
De cabeza, amantes de las emociones van trepados en el Top Spin de la 176 Oktoberfest, en Munich. A pesar de amenazas terroristas, el festival de la cerveza de 16 días –la feria más grande del mundo– atrajo a 5.7 millones de personas el año pasado.

Desde hace poco, los estudios Hansa de Berlín, donde David Bowie, Iggy Pop y Nina Hagen grabaron álbumes definitorios para sus carreras, dominan la vista de un moderno complejo de apartamentos en ladrillo rojo detrás de la flamante Potsdamer Platz.

Centro marítimo y mediático de Alemania, Hamburgo es una ciudad de violentos contrastes. El puerto industrial proyecta sus aherrumbrados muelles mientras que el centro está plagado de parques esmeraldinos, lagos azules y villas de color crema.

Frankfurt ya no sueña con sustituir a Londres como capital financiera de Europa, ambición que abrigó desde los años noventa y que se hizo pedazos al chocar de frente con la realidad del siglo XXI.

Un clarinetista solitario tocaba una llorosa melodía en un prado frente a la Cancillería Federal, sobrio edificio de mármol y concreto que se levanta sobre el río Spree.