
Vernon Yates llevó uno de sus 18 tigres a una fiesta (sus tarifas varían por evento). “No puedes confiar en los tigres”, dijo una invitada. Para demostrarle lo contrario le apostó 20 dólares a que metería su cabeza entre las mandíbulas del animal y le jalaría la lengua. Ella tuvo que pagarle.

Relegadas a la sombra, 255 especies de México podrían desaparecer. ¿Qué puede hacer una rana del tamaño de una moneda de un peso, cuyo hábitat se encuentra en el Pedregal de San Ángel, frente a un jaguar, animal icónico azteca? ¿O el pequeño conejo de los volcanes, de 30 centímetros de largo y único del género Romerolagus, que habita entre los 2 800 y 4 200 metros de altura en el Eje Neovolcánico, frente al águila real, la misma que devora una serpiente sobre un nopal en el escudo nacional?

Los gorriones de la isla Merrit ya no existen. El lugar de reposo eterno del último gorrión costero es una botella de vidrio en la Colección Ornitológica del Museo de Historia Natural
de Florida. El ave tiene los ojos cubiertos y las plumas erizadas por el efecto del alcohol que casi llena la botella. Una etiqueta de papel señala que el pájaro, un macho viejo, murió el 16 de junio de 1987.