
“Las compras están matando a Borneo –advierte el fotógrafo Mattias Klum–. Los occidentales no pensamos cómo nuestras elecciones afectan a este lugar: comida y jabón hechos con aceite de palma, pisos y puertas hechos con maderas de bosques tropicales. Sin embargo, podemos escoger mejor. Que las cosas cambien no depende sólo de los políticos”.

“Ciertamente, la jungla del Sarawak está mejor protegida que nuestros bosques”, afirmaba Harrison W. Smith en su artículo para National Geographic de febrero de 1919 “Sarawak: The Land of the White Rajahs”. Sin embargo, anotó Smith, “no fue la historia natural de ese país” lo que motivó su visita a Borneo, “sino más bien la oportunidad de familiarizarme con gente primitiva e interesante”.

Las majestuosas selvas están desapareciendo entre humo y serrín, pero aún hay esperanza para la célebre biodiversidad de la isla, si se logra reducir la demanda de aceite de palma.
Hay quienes buscan árboles cada vez más altos para trepar
a ellos –y protegerlos–. Un equipo dirigido por el becario Roman
Dial, de la Universidad de Alaska Pacífico, subió a un Koompassia
excelsa que se yergue por encima de una plantación de palmas
de aceite, en el noreste de Borneo.