
Cuando el biólogo Bill Bleisch se mudó a China en 1987, la conservación de la vida salvaje estaba lejos de ser una prioridad. Era la época turbulenta que siguió a la Revolución Cultural. Entonces China era sólo un explotador que rentaba pandas gigantes a los zoológicos y mataba otros animales para obtener sus pieles y partes de sus cuerpos.

Enamorarse de Hue, la antigua capital imperial de Vietnam, fue fácil para un joven estadounidense quien cortejó a su esposa en este lugar. Pero, ¿la cambiante ciudad todavía lo hechizaría después de una ausencia de 10 años?

Mis alumnos escribían ensayos en papel tan barato y delgado que se sentía como piel de cebolla. Las quebradizas páginas se deshacían con facilidad; sostenidas contra la luz, se volvían translúcidas.

Las expectativas de China están aumentando sin final a la vista. ¿Qué es lo que sigue?

En cada una de las seis mesas de un café en Shanghai, hay un frasco de porcelana con palillos chinos de plástico rojo. “A largo plazo, resultan más baratos que los desechables de madera y producen menos desperdicios”, dice el propietario.