Dar y recibir

De la misma forma que no tenemos derecho de lastimar (mucho menos matar) a ningún ser humano, tampoco tenemos derecho de herir y matar a los animales.

De la misma forma que no tenemos derecho de lastimar (mucho menos matar) a ningún ser humano, tampoco tenemos derecho de herir y matar a los animales.

‘‘Desde la primera vez que vi una manada de elefantes, supe que quería protegerlos’’, dice Luis Arranz refiriéndose a estos gigantes que se reúnen en grupos de 800 o más en el Parque Nacional de Zakouma.

El elefante muerto, enorme, yacía sobre su costado; su pierna derecha torcida indicaba que había sufrido un gran dolor. El ojo que quedaba a la vista estaba cubierto con tierra, un artificio de los cazadores furtivos para ocultar de los buitres el cuerpo.

En Sri Lanka, los elefantes huérfanos tienen una segunda oportunidad de vida. El Asilo Transitorio para Elefantes (ETH, por sus siglas en inglés), del Parque Nacional Udawalawe, recibe cada año una docena de crías que han perdido a sus manadas, a menudo a causa de campesinos que, para proteger sus cosechas, ahuyentan o matan a los elefantes adultos.