
En aldeas del desierto chileno, 250 familias están felices de que el sol cocine su carne de cabra. El Programa de Desarrollo de la ONU pagó 110 dólares por la madera para construir cada uno de los hornos solares. El combustible es gratuito; la contaminación, nula. Las mujeres pueden pasar tiempo con sus niños en vez de recolectando madera. Solar Cookers International estima que entre uno y dos millones de hornos solares se encuentran en aldeas, campos de refugiados y ciudades soleadas.

Extendidas sobre un terreno ya cuadriculado por granjas andaluzas, Andasol 1 y 2 utilizan la misma fuente de energía que los cultivos. Así como los vegetales llevan a cabo la fotosíntesis para almacenar energía solar, estas instalaciones almacenan energía usando una parte de la luz solar que recogen durante el día para fundir miles de toneladas de sal; al ponerse el sol, aprovechan el calor de la sal fundida para generar electricidad durante 7.5 horas adicionales.

La luz solar dirigida a un disco reflectante devuelve suficiente calor para encender un cigarrillo en Phoenix, Arizona. Esta demostración de una estufa solar, parte del World Symposium on Applied Solar Energy, fue una de las 85 presentaciones de 50 expositores en terrenos de la Biblioteca Pública de Phoenix, en el otoño de 1955.
Por su abundancia de recursos naturales, América Latina ha estado históricamente en una posición difícil. Como aprendimos en la educación elemental, esta jauja regional de oro, plata, cobre, plantas, animales y petróleo nos ha costado unos buenos baños de sangre.

La luz solar nos baña con mucha más energía de la que necesitamos, sólo tenemos que captar la que nos hace falta.