
Como muchos jóvenes noruegos, Ousland había crecido escuchando historias sobre las hazañas de Nansen a la hora de dormir. Años más tarde, esos relatos lo inspiraron para realizar su primera expedición en esquí, en solitario y sin apoyo al Polo, una de sus 14 visitas como aventurero y guía profesional. Ahora, él y Ulrich, montañista y fotógrafo, siguía la misma angustiosa ruta que Nansen y Johansen habían tomado 112 años antes, algo que nadie más había hecho.

Era una idea extravagante: congelar un barco de madera en el Océano Ártico y dejarse llevar por los hielos que van a la deriva a través del Polo Norte. Cuando las cosas no salieron según lo planeado, Fridtjof Nansen, un osado científico noruego, partió en trineo con un acompañante para ir adonde nadie había llegado.

Incluso en lo que parece ser la mitad de la nada, los científicos pueden encontrar –y lo hacen– una impresionante colección de formas de vida. Durante un estudio de cinco meses en la isla Espíritu Santo, de Vanuatu, más de 150 botánicos, zoólogos marinos y otros expertos inspeccionaron montañas, bosques, cuevas, arrecifes y el océano en busca de organismos vivos. El equipo internacional dio con más de 10 000 especies, incluyendo crustáceos, insectos, plantas e incluso un hongo que resplandece en la oscuridad.