
Una cría sigue a un gran elefante adulto, llamado Roosevelt. Al alcanzar la madurez sexual, los machos son exiliados de las familias matriarcales y pasan el tiempo merodeando solos o en compañía de otros machos; sólo se acercan a las familias para buscar pareja.

Con la ayuda de su pico, el depredador se abre paso entre el cardumen, para aislar una célula más pequeña, que sea más controlable, ya que las presas zigzaguean para evitar ser capturadas. Las sardinas se protegen dentro del grupo moviéndose como una unidad.

La seguridad y el aprendizaje son fundamentales para los elefantes. Las crías de las familias de Samburu están sometidas a la vigilante protección de las hembras organizadas en una especie de “consejo de madres”. Los adolescentes retozan amigablemente y desarrollan destrezas sociales, además de adquirir confianza y fortaleza.

El esqueleto de una mujer, de más de 6 000 años de antigüedad, fue desenterrado por arqueólogos en Gobero, al norte de Nigeria. Se han encontrado alrededor de 200 tumbas cerca de un antiguo lago, hoy evaporado.

Mistral, una matriarca de Vientos (familia numerosa, dividida en tres subgrupos), encabeza la marcha a través del río mientras una hembra joven, Sydoest, vigila la retaguardia para desalentar a cualquier macho que trate de seguirlas. Aunque deseoso de compañía femenina, el macho desciende a la ribera con cautela, deslizándose delicadamente de rodillas.