
El cuello regordete de la momia Meresamun hacía pensar a los científicos que había padecido bocio. Luego le practicaron una tomografía computarizada de alta resolución (TC) y supieron la verdad: los momificadores habían rellenado el cuello de la sacerdotisa de Tebas para hacerlo más grande.

Envueltas en lino y sepultadas con respeto, las momias de animales ofrecen indicios fascinantes de la vida y la muerte en el antiguo Egipto. Descubre las fotografías de Richard Barnes que acompañan al artículo.

La premisa era contundente: sin un cuerpo físico bien conservado, el fallecido no podría realizar su tan anhelado viaje al más allá: por tanto, las técnicas de momificación tendrían que ser perfectas, y los embalsamadores, artistas grandiosos.

Envueltas en lino y sepultadas con respeto, las momias de animales ofrecen indicios fascinantes de la vida y la muerte en el antiguo Egipto.

Desde el siglo XVIII, turistas llenos de asombro han desfilado entre las momias del Convento de los Capuchinos, un monasterio en Palermo, Sicilia. Este fraile meditativo guiaba a los visitantes a través de las catacumbas repletas de miles de cuerpos.