
Como pinceles empapados de pintura, las escamas de las alas de una polilla chorrean color. Tomada en un estudio de la Universidad Estatal de Washington con un microscopio, su iridiscencia se revela sólo en este acercamiento.

Cuando una polilla “extraordinaria” se posó en la ventana de la estancia de Dupre-Neary, técnico biólogo de 27 años, él salió para obtener una vista mejor. Y consiguió una imagen todavía mejor: su perro, Jada, y el insecto, mirándose a los ojos a través del cristal.

Foto de Gastón Federico Reimers Gimena, Buenos Aires, Argentina
Una polilla parecía espiar todo lo que ocurría a través del ojo de la cerradura, en la puerta del patio de mi casa.

A esta polilla la capturé para alimentar a mi tarántula, pero me sorprendió el color amarillo que poseía. Era la primera vez que una de estas polillas caía en los focos que instalé fuera de mi casa, en medio del mundo. La fotografíe con un lente macro 60 mm y luego la liberé. Esa noche, mi tarántula se quedó con las ganas de merendar.