
Al alcanzar la madurez sexual, el joven macho ya no es bien recibido por la familia de hembras, así que debe recorrer a solas el paisaje hasta establecer alianzas con otros individuos en su misma situación.

Alerta aunque vulnerable, esta cría de ocho meses desarrollará colmillos con el paso de los años.
Una cría -gigante en el lente, aunque apenas mide un metro de alto- juega rudo con una cámara instalada a nivel del suelo. Este joven macho es miembro de una familia bautizada por los investigadores como Realeza. Con una dieta constante de leche rica en energía, y sin preocupaciones sobre su rango social, los pequeños elefantes hacen lo que los jóvenes en cualquier lado hacen mejor: jugar.

Una cría sigue a un gran elefante adulto, llamado Roosevelt. Al alcanzar la madurez sexual, los machos son exiliados de las familias matriarcales y pasan el tiempo merodeando solos o en compañía de otros machos; sólo se acercan a las familias para buscar pareja.

La seguridad y el aprendizaje son fundamentales para los elefantes. Las crías de las familias de Samburu están sometidas a la vigilante protección de las hembras organizadas en una especie de “consejo de madres”. Los adolescentes retozan amigablemente y desarrollan destrezas sociales, además de adquirir confianza y fortaleza.