
Un grupo de curiosos se pasea en el interior de un círculo grabado en un campo de trigo en Corcelles-près-Payerne, en 2007. Con más de 60 metros de diámetro, el patrón fue avistado por un piloto militar suizo que sobrevolaba la región de Broye.

No es un ave, no es un avión. “Jet Man” –seudónimo del aventurero Yves Rossy– planea sobre los Alpes con alas propulsadas por turbinas durante un vuelo de cinco minutos a 300 km/h. Desde entonces también ha volado sobre el Canal de la Mancha.

Ginebra, uno de los centros políticos y de transporte de Europa, es una de esas ciudades que parecen inevitables. Es como una versión suiza de Atlanta: casi todos pasan por allí tarde o temprano, quieran o no.