Hace 15 millones de años, un gigante de 14 metros de longitud dominó los mares. Poco se sabía de su existencia hacia hace un par de años, que se descubrieron restos fósiles aún sin afectaciones por los minerales presentes en aguas saladas. Con una dentadura repleta de piezas de 17 centímetros, el megalodón ha atraído la atención de paleontólogos en todo el mundo por sus dimensiones, nunca antes vistas en ningún tiburón.
Sin embargo, ha llamado la atención de la comunidad científica en todo el mundo el hecho de que puede que estos animales pudieran haber ingerido a sus hermanos antes de nacer, siguiendo un patrón caníbal in utero. Una serie de estudios recientes podrían sugerir una explicación a este comportamiento siniestro.
Las crías de megalodón llegaron a medir dos metros al nacer. Un equipo de científicos estima que eran capaces de alcanzar estas dimensiones por comer huevos todavía sin eclosionar mientras todavía se estaban gestando en el útero de sus madres.
Kenshu Shimada, paleontóloga de la Universidad DePaul en Chicago, condujo un estudio sobre los restos orgánicos de un ejemplar hallado originalmente en 1860. Junto con sus colegas, examinaron un fósil incrustado en una roca de 15 millones de años, preservada durante años en el Real Instituto Belga de Ciencias Naturales. El equipo se percató de que las vértebras del tiburón les permitían hacer estimaciones a propósito del tamaño del animal en distintas etapas de sus años activos.
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Conocido como canibalismo intrauterino, este comportamiento se ha observado también en tiburones contemporáneos. Obedece, de manera general, a una medida de supervivencia incluso durante el periodo de gestación, en el que las crías de tiburón comen huevos desde el útero de sus madres para poder vivir, según señala Shimada:
“La consecuencia es que solo unos pocos cachorros sobrevivirán y se desarrollarán, pero cada uno de ellos puede crecer en tamaño corporal al nacer, lo que les da una ventaja como depredadores que ya son grandes”.
Al día de hoy, se desconoce la cantidad exacta de embriones de megalodón que se pudieron haber producido. Sin embargo, hay evidencia de que las crías en proceso de gestación se comían los huevos sin fertilizar al interior de sus madres, como una fuente poderosa de proteínas. Durante al menos 70 millones de años, este mecanismo evolutivo ha sido utilizado por diversas especies de tiburones para subsistir.
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