En la época de la creación, Mictlantecuhtli intentó retrasar el viaje de Quetzalcóatl hasta el inframundo. En aquel entonces, en la Tierra de los Muertos —conocida como el Mictlán— afloraban los huesos de miles de criaturas y seres poderosos, que la serpiente alada divina necesitaba para crear a la humanidad. El dios de la muerte, sin embargo, no se la dejaría fácil.
Por el contrario, Mictlantecuhtli se propuso a sí mismo que el camino de Quetzalcóatl fuera, por lo menos, complicado. Por ello, según la tradición mexica, el dios de los muertos impuso obstáculos para que la serpiente alada alcanzara su objetivo. Éstas fueron las consecuencias.
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Quetzalcóatl, el dios de la creación, se enfrentó a trabas, trucos y obstáculos en el inframundo. Todos sembrados, naturalmente, por Mictlantecuhtli. Para poder recolectar los huesos que necesitaba para crear a los humanos, antes que nada, la serpiente emplumada necesitaba darle la vuelta a la Tierra de los Muertos 4 veces. En su camino, tendría que hacer sonar una concha como trompeta.
Después de superar los retos que Mictantecuhtli le impuso, Quetzalcóatl finalmente pudo recolectar los huesos que necesitaba. En la euforia, pensó el dios de los muertos, la serpiente no se daría cuenta de la fosa que sus secuaces habían cavado. Al salir, según el plan, se tropezaría con la zanja y quedaría encerrado para siempre. Y así fue.
Sin embargo, según explica World History Encyclopedia, la serpiente emplumada logró salir de ahí, derramando sangre sobre los huesos que había recuperado. Con esa masa de su propia sangre y pedazos de huesos fue como creó a las primeras mujeres y hombres del mundo.
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En el antiguo panteón mexica, Mictlantecuhtli fue ampliamente venerado como el dios al que todos los seres vivos habrían de enfrentarse «cara a cara». Su reino, el Mictlán, acogía «a todos los humanos que mueren de forma natural», según documenta la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Aunque parezca contradictorio, el señor de los muertos fue creado en el Omeyocan, el equivalente mexica al Paraíso. Mictlantecuhtli, por lo tanto, no es sólo sombra: aunque es la deidad que rige la muerte de los seres humanos, también es quien les da vida. Los mexicas no entendían un concepto separado del otro, sino como ideas complementarias.
Para los mexicas, los ‘justos’ no recibían una recompensa al morir. Por el contrario, todos nos encontraremos en el mismo lugar al terminar nuestro transitar por la Tierra. Sin embargo, había un par de excepciones:
«Los grandes guerreros mexicas y las mujeres fallecidas en el parto se dirigen hacia la morada del Sol», documenta la UNAM, «todos los días lo acompañan hasta el mediodía. Después de cuatro años se convierten en colibríes y pueden bajar a la tierra para alimentarse del néctar de las flores.»
Por ello, cuando los colonizadores europeos se enfrentaron a estas concepciones de vida y muerte, inmediatamente las tacharon de brujerías. Relegado a algo similar a Satanás, los templos de Mictlantecuhtli fueron destruidos por los españoles.
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